Gracias Javi

En la vida de un aficionado del Atleti, hay momentos en los que te preguntas ¿Por qué soy del Atleti? Debemos ser muchos los que nos hemos hecho esta pregunta pues hasta el propio club la ha usado, con excelentes resultados, en sus campañas de publicidad para captar socios.

Yo soy de los pocos que sé exactamente cómo y por qué me hice incondicional colchonero. Si preguntáis por ahí, casi nadie, hinchas de uno u otro equipo, sabe a ciencia cierta cuándo se hicieron de un equipo, aunque sí sepan el porqué, que en la mayoría de los casos resulta de una larga tradición familiar (“ toda mi familia es del Atleti”), de un mayor número de amigos hinchas de ese club (“en mi barrio todos éramos del Madrid”), o simplemente por localización geográfica (“ soy del Recre porque vivo en Huelva!). Aquéllos que dicen “yo soy de este equipo porque gana” ni siquiera merecen mi atención, ya que si no, no existirían aficionados del Real Union de Irán, que gana muy de vez en cuando.

Yo no tengo antecedentes futbolístico-familiares directos. A mi padre no es que no le guste el fútbol, es que lo aborrece. Cuando empecé el cole, me empezó a gustar el balón. En casa no se veía fútbol ni en los telediarios y no conocía quiénes eran Camacho, Maceda o Señor. Así, con estos precedentes, entenderéis que yo, un pobre imberbe sin ningún tipo de referente futbolístico en casa, fuera presa fácil de los chacales madridistas ansiosos de reclutar para su causa a cuantos más mejor.

Recuerdo nitidamente como me recuperé de esa convalecencia. Contaba yo con 8 añitos aquel invierno de 1984 cuando un viernes fuimos a visitar a mis tíos a Fuenlabrada (feudo rojiblanco por antonomasia). No sé muy bien por qué razón me quedé a dormir allí, pero es una de las cosas de las que les estaré agradecido a mis padres toda la vida.
Después de jugar todo el día al balón con mi primo Javi, siete años mayor que yo, en el descampado de enfrente de su casa nos dispusimos a irnos a la cama. Diré, aunque no venga al caso, que aquel día también descubrí otras piezas fundamentales en el devenir de mi vida (Cintas TDK de Iron Maiden, Twister Sister, ACDC… etc.).
Una vez acostados juntos; mis primos son cinco hermanos y Javi el único chico; recuerdo con total claridad como mi primo me soltó a bocajarro: “¿oye, y tú de qué equipo eres?” A lo que le respondí ,como algo obvio, creyendo tener segura su aprobación: “Pues del Madrid, hombre!”.
“Ala, fuera de la habitación hasta que seas del Atleti”, me respondió.
Me quedé helado, en el pasillo, con mi pijama de una pieza, en la oscuridad de casa ajena y con mil preguntas rondándome la cabeza. ¿Qué he dicho?, ¿Acaso no todo el mundo es del Madrid? ¿Qué narices es el Atleti?. Con estas, me acerqué a la puerta y sigilosamente la abrí creyendo que mi primo estaría dormido. “¿De qué equipo eres?” me volvió a preguntar. ¿ Frio y pasillo o cama y calorcito? …”Del ATLETI, Javi”

A partir de ese día, y como a mí no me gusta traicionar a la familia, el Atleti fue mi primer y único equipo. Me empecé a interesar por él, su historia y los resultados que iba cosechando. Me hacía las chapas de rojo y blanco y no tenía problemas en el cole si quería pedirme a Cabrera o a Julio Prieto. Cada vez que se metían conmigo por mis preferencias futbolísticas me hacía más del Atleti que me hacía, y si encontraba compadres colchoneros la alegría era mayor que marcar dos goles entre dos chaquetas.

Soy del Atleti por convicción y no por tradición, es cierto. No tengo el linaje de quien tiene la suerte de contar con generaciones de antepasados colchoneros, pero paseo con orgullo la bufanda y me considero ‘Indio’ de pies a cabeza.

Hoy con 32 años, y con muchas más derrotas que victorias, con más lágrimas que sonrisas, aguantando estoicamente los ataques furibundos de las nueve copas de Europa, buscando justificaciones a los seis que te meten en noventa minutos, pasando de la victoria a la derrota en un abrir y cerrar de ojos, festejando dobletes y lamentando descensos, soportando rollizos presidentes maleducados y venerando arqueros gaditanos o lusos galopantes, hoy sólo puedo decir “GRACIAS Javi”.

A silbar, al Bernabéu

Bienvenidos a todos al nuevo Blog dedicado al insigne Club Atlético de Madrid.
Es cierto que quizás no sea el mejor momento para abrir este foro, que mejor habría sido hacerlo allá por Diciembre, cuando íbamos por delante del eterno rival y todos nos las prometíamos muy felices a final de temporada y que, hoy, muchos esperarán artículos plagados de críticas hacia el entrenador, el presidente o los jugadores. Efectivamente, también haré alusión a estos temas pues, como cualquier aficionado al fútbol que se precie, también yo, tengo una opinión formada al respecto.

Sin embargo, creo que este no es el momento de llenar este pequeño rincón colchonero de vibraciones negativas. Es cierto que el equipo no ha empezado el año con buen pié. Cuenta sus partidos por derrotas, menos este último encuentro que, jugando contra diez en Almería creo que podría considerarse como tal. El juego no invita a pensar que este año sea muy diferente de los anteriores y por lo tanto no son muchos los aficionados que esperan siquiera que el equipo logre meterse, al menos, entre los cuatro primeros.

Esta es la realidad palpable estos últimos domingos en el Vicente Calderón, pero desde aquí quiero abuchear enérgicamente a aquellos que silban cuando el equipo sale de vestuarios a calentar, a aquellos que, ante los continuos errores de un jugador, no hacen sino incrementar aún más su estado de nerviosismo, provocando que falle cada vez más, y por lo tanto aumentando el malestar del personal. A aquellos que, perdiendo en casa, por muchos goles de diferencia por los que se esté haciendo, abandonan el campo dejándolo casi vacío y negando al equipo cualquier posibilidad de remontada. Y por último a, a aquellos que, pidiendo a mitad de temporada la destitución del entrenador, no hacen sino cargar de razones a aquellos jugadores que esperan la mínima para borrarse de los partidos y empezar a buscar nuevos aires para la temporada que viene.

Señores, queda aún media temporada por delante. El equipo, aunque con claros signos de enfermedad, se encuentra vivo en dos competiciones y sólo el mal rollo que respira antes y durante los partidos puede acabar con las ilusiones que la afición rojiblanca tiene puestas en ellos.

Es el momento de quedar con nuestros compadres atléticos, enfundarnos la camiseta, la bufanda y la bandera, calentar el partido previamente en los bares de la Ribera del Manzanares y entrar en el campo dispuestos a animar desde el minuto 1 al 90, a abroncar al árbitro y a conseguir que al rival le tiemblen las canillas cuando asome por la bocana de vestuarios. Porque así es la afición del Atleti y así hemos sido siempre, en Primera y en Segunda, en cabeza, a mitad o en la cola de la clasificación, pasando a siguiente ronda o cayendo por penaltis. En el Calderón hay que gritar, cantar y aplaudir y quien quiera silbar que se vaya a Chamartín.

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